
El cuerpo en llamas
Un serie sobre un brutal crimen con todos los elementos para triunfar
En 2017 la sociedad española vivió con pasión la historia de un asesinato. Hubiese pasado como uno de muchos si no fuese porque la asesina era, como luego lo confirmo una sentencia, una mujer con personalidad arrolladora que parecía ser una "devora-hombres"; esa clase de mujer que a la sociedad más puritana escandaliza, pero que siempre quiere saber todo de ella. Pasiones, amores, relaciones tóxicas y ríos de sangre eran los ingredientes de una historia que ya había llenado horas de programas y documentales y ya estaba tardando en llegar a la ficción.
Hemos tenido que esperar mas de 5 años para que Netflix estrene con gran éxito nacional e internacional "El cuerpo en llamas", la adaptación del crimen de Pedro Rodríguez, asesinado por su pareja Rosa Peral, interpretada en la ficción por Úrsula Corberó y el amante de esta Albert López, interpretado por Quim Gutiérrez.

Ahora podemos decir que, sin duda, la espera ha merecido la pena porque Netflix nos ha traido una mini-serie a la altura de un crimen que despierta tales pasiones.
Los guionistas de esta adaptación no han escatimado en detalles en los que a través de 8 episodios narran con claridad todos los recovecos posibles de esta historia. Y no era fácil. Muchas eran las relaciones que se cruzan en esta historia; varios son los amantes, exmaridos, nuevas parejas y demás vértices de esta compleja forma geométrica que el guión consigue reflejar de forma clara, sin confundir al espectador. Conocemos las relaciones de amor, amistad y enemistad entre los protagonistas y de qué forma cada uno ha formado parte en esta historia.
El título de esta mini-serie "el cuerpo en llamas" parece hacer referencia no solo a la forma en la que Rosa y Albert se deshicieron del cuerpo de la víctima sino tambien a las pasiones que dominaban las relaciones entre los protagonistas, ya fuesen de odio o de amor, reflejadas en este último caso a través de numerosas escenas de sexo que podrían parecer excesivas si no fuera porque en esta historia real todo era excesivo.

El guion consigue unir de una manera muy efectista las dos vertientes que hacen que esta historia sea tan atractiva para el público; relaciones pasionales y de parejas se unen a la investigación de un crimen real en el que cada episodio ahonda en las pesquisas que llevaron a la resolución del caso. Poco a poco vamos recogiendo junto al personaje de la investigadora Esther Varona las migas de pan que los culpables del asesinato dejaron. Este particular camino de baldosas amarillas tiene su momento culmen en el juicio contra Rosa Peral y Albert López, con la investigadora entrando en escena con un gran número de carpetas bajo el brazo lista para arrollar con todas las pruebas a los acusados.

Sin embargo, en la realidad, no fueron pruebas sino fundamentalmente indicios lo que condenaron a los acusados dejando casi más misterios que certezas en cómo sucedió todo. Por ello, podemos decir que en el guión no todo es perfecto, si bien siempre hay que tener en cuenta que estamos ante una dramatización de la realidad y no ante un documental.
La narración se toma algunas licencias acrecentando por ejemplo la historia de femme fatal de Rosa situando los inicios de su carrera en una discoteca bailando de gogo cuando la realidad ha demostrado que no fue así. Pero desde el punto de vista puramente seriéfilo, no podemos culpar a la serie por querer poner para el espectador negro sobre blanco lo que en la realidad tiene una variedad de matices, aunque a veces sea a costa de la imagen de las personas que inspiraron esta historia. Y es que la serie se convierte por momentos en un reflejo de aquella sociedad machista que creó una imagen de la asesina llega de fábula y misterio, acrecentando un mito de femme fatal que dio pie a llenar páginas y horas de programación analizando las relaciones pasadas de Rosa Peral; algo que con los demás implicados de este asesinato nunca llegó a pasar. Solo es a través de la inspectora que la serie nos recuerda que no es la vida amorosa de Rosa Pera la que tenemos que analizar, sino su implicación en esta historia.
EL éxito de esta serie no sólo está en un guion perfectamente escrito para atraer al espectador sino a las grandes actuaciones de sus dos protagonistas.

Úrsula Corberó acierta al interpretar un personaje que causa incertidumbre en el espectador. Por momentos vemos a una calculadora asesina que se deshace de los hombres que la molestan, ya sea matándolos o tratando de culparles de un asesinato; en otras escenas la interpretacion de Úrsula Corberó nos deja ver a una mujer frágil y víctima de sus desastrosas relaciones pasadas y de un sistema que pareció dejarla abandonada frente a los actos de un superior al catalogarla de asesina sin pruebas ni juicio mediante. Si algo nos recuerda el papel de Rosa Peral es que ser culpable de algo no te exime de ser víctima en otro caso.

Junto a Úrsula Corberó, Quim Gutierrez nos trae a uno de esos hombres con más musculo que cerebro, con algún que otro comportamiento xenófobo y cuya pasión desmedida por Rosa le hace cooperador necesario en el asesinato de una persona a la que apenas conocía, dejándonos con la incertidumbre de si realmente tenía motivos para participar en el crimen o sólo para encubrir a la persona que amaba.

El peligroso triángulo de "El cuerpo en llamas" lo completa Pedro, interpretado por Jose Manuel Poga y que parece ser el que sale peor parado en esta historia y no sólo por su condición objetiva de víctima. Pocas son las referencias que se hacen de Pedro, su personalidad demasiado explosiva y las relaciones tóxicas que parece repetía con sus parejas. Su punto de vista en esta maraña de relaciones es el menos explorado envolviendo es más incertidumbres el presunto motivo del asesinato. El papel de Pedro aparece por momentos como la mera "excusa" que deja todo el protagonismo de la serie a la relación turbulenta de dos guardias urbanos que un día decidieron arruinar sus vidas matando a un hombre y dejando su cuerpo en llamas.
El broche de oro a esta serie lo pone la gran selección musical; con canciones de la historia musical española que cierran cierran cada uno de los ocho episodios. Cada canción de Mocedades, Roció Jurado, Lola flores, Mari Trini o Massiel encaja a la perfección con el momento final de cada episodio y no sólo define lo que el espectador está viendo sino que también refleja la relación que Rosa Peral tiene con cada uno de los hombres de su vida y lo que en ese momento siente por ellos.
"El cuerpo en llamas" llega a Netflix como una serie que tiene todos los elementos para triunfar y no sólo en España. Amor, desamor, relaciones tóxicas y un asesinato son los ingredientes de una ficción que gustará a los amantes de las historias pasionales y los crímenes contados al detalle.
