Jay Kelly

Entre focos apagados y segundas oportunidades: la road movie emocional de un George Clooney de vuelta


El director Noah Baumbach desembarcó en Venecia el pasado mes de septiembre con Jay Kelly, su nueva película para Netflix, de la que también firma el guion y que cuenta con George Clooney como protagonista absoluto. 

La cinta narra la historia de una envejecida estrella de cine —Jay Kelly— que, a sus sesenta años y a punto de recibir un premio honorífico por toda su carrera, se ve sumido en una profunda crisis existencial. Ese reconocimiento, lejos de llenarlo de orgullo, actúa como detonante: descubre que no tiene amistades reales, que vive rodeado únicamente de empleados y que sus hijas apenas le dirigen la palabra tras años de ausencia.

Es en ese momento crepuscular del personaje interpretado por Clooney donde Baumbach se permite reflexionar sobre la identidad y la autenticidad: quiénes somos realmente, cuánto de nosotros es una actuación y qué significa sostener un personaje incluso fuera de la pantalla. 

La película funciona también como un homenaje al cine y a su industria, una mirada amable —incluso un poco indulgente— que encuentra espacio para gags meta-cinematográficos sobre las canas del actor, su célebre campaña de café o hasta una hipotética candidatura política.

Con todos estos ingredientes, Jay Kelly podría haberse inclinado hacia el drama introspectivo más solemne. Sin embargo, Baumbach logra mantener un tono de dramedia ligera, con enredos, momentos de absurdo y un elenco secundario sólido y muy bien escrito. Destacan especialmente Laura Dern, impecable como siempre, y Adam Sandler, quien sorprende con una interpretación contenida y alejada de su habitual vis cómica; probablemente una de sus aproximaciones más maduras hasta la fecha.

Se agradece también que la película no caiga en la tentación de añadir una subtrama romántica gratuita, algo demasiado habitual cuando el protagonista es una figura tan icónica como Clooney. Baumbach apuesta por centrarse en el viaje personal del personaje, permitiendo al actor lucirse en una interpretación conmovedora y honesta: la de un hombre a quien todo el mundo parece conocer, pero que él mismo apenas reconoce al mirarse al espejo.

La película puede leerse, además, como una road movie en dos niveles. Por un lado, el viaje físico por Europa, en el que Jay Kelly deja a un lado su rol de estrella para convertirse, por fin, en un padre que persigue a su hija con la esperanza de recomponer la relación antes de que ella se marche a la universidad. Por otro, un viaje íntimo hacia su propio interior, hacia la pregunta inevitable: ¿qué queda cuando se apagan los focos tras más de treinta años de carrera?

En definitiva, Jay Kelly es una obra que, sin reinventar el género ni aspirar a grandes gestos, encuentra su fuerza en la honestidad con la que aborda el ocaso de una estrella. Baumbach firma una película cálida, ingeniosa y emocionalmente certera, sostenida por un George Clooney en uno de sus trabajos más humanos. Una reflexión luminosa sobre la identidad, la fama y la reconciliación que, sin estridencias, deja un poso sorprendentemente tierno y duradero.

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