
La buena letra
Una película marcada por la tristeza y los silencios demoledores con la que Celia Rico recupera con más detalle su particular naturalismo
Celia Rico regresa al cine con "La buena letra", su tercera película y lo hace sin abandonar la cotidianidad e intimismo al que nos tiene acostumbrados, pero esta vez nos lleva a otra época, nos traslada a la España de la posguerra. La película está basada en una novela de Rafael Chirbes donde la directora la adapta de una manera muy libre aportándola de una personalidad muy particular.

La cinta cuenta la historia de Ana, Tomas y Antonio en un país que se partía destrozado por la guerra y el hambre. Pero sobre todo es la historia de Ana y de tantas mujeres que como ella en silencio y casi invisibles, alentaron, alimentaron y sujetaron emocionalmente a toda una generación. Mujeres que sabían mucho pero que también callaban, oprimidas por la sociedad en las que les tocó vivir.
Siempre se oye que hay demasiadas películas sobre la guerra o la posguerra y quizás sí, quizás hay muchas, pero muy pocas o ninguna que cuente la historia desde el punto de vista de ellas, las grandes olvidadas. Gracias a Celia se da visibilidad a estas mujeres que no fueron a las batallas pero que sufrieron tanto o más que los soldados en primera fila de combate y lo hace con una ternura y delicadeza que nos hace admirarlas mucho más.
"Sobre todo esta es la historia de Ana y de tantas mujeres que como ella en silencio y casi invisibles, alentaron, alimentaron y sujetaron emocionalmente a toda una generación"
La película está increíblemente interpretada por Loreto Mauleon, Enric Auquer y Roger Casamajor en los papeles principales.
Loreto Mauleon es Ana, mujer callada y discreta, siempre pendiente de todo, que sufre y ve que los demás también lo hacen, pero calla, apoya a los suyos y sigue adelante. Ella es la mirada de la película, nos guía casi sin salir de esa casa, por la desesperanza de la época y por muchas otras las cuestiones como los ideales, los vencedores y vencidos o el progreso personal. La actriz lleva el peso de la película muy dignamente logrando en muchas escenas sin apenas mediar palabra, trasmitir toda la tristeza y contención del momento. Su personaje se construye a través de los demás y a su vez, pivotan su alrededor. Ojalá esta interpretación tenga como resultado su primara nominación a los Goya como actriz protagonista.

Junto ella están dos hermanos Tomás, su marido y Antonio su cuñado. Dos personas muy diferentes que representan claramente dos lados opuestos de ser y estar en la vida: el sacrificio frente al individualismo. Personalidades que, por cierto, podemos extrapolarlas a la vida real, una sociedad donde el neoliberalismo imperante nos fuerza muchas veces a no tener en cuenta al de al lado, a no sacrificar un rato de nuestro tiempo para saber que siente el otro, básicamente nos apremian a no empatizar.
Gracias a Celia se da visibilidad a estas mujeres que no fueron a las batallas pero que sufrieron tanto o más que los soldados en primera fila
Celia Rico con esta cinta explora de nuevo un hogar, un mundo íntimo y se acerca a las relaciones familiares como ya hizo en "Viaje al cuarto de una madre" y el año pasado en "Pequeños amores". En estas primeras películas estaba muy definido el sello personal de Celia: el naturalismo. Pero en ésta, sin dejar de lado esa personalidad, la directora nos regala una puesta en escena con más detalle, tanto en el decorado y la ambientación de la casa (que sin duda se convierte en un personaje más de la historia), como en la iluminación tan bien trabajada sobre los personajes, como en el vestuario y por supuesto en cómo saber rodar cada detalle consiguiendo hacer grande lo pequeño.

En cuanto a la estructura y ritmo, la película está organizada en varios episodios relacionando a Ana con otros personajes y un último en el que Ana es la única protagonista. Respecto al ritmo, puede que sea el problema que le vean los espectadores, ya que no tiene una gran trama, ni pasan grandes cosas, pero ese ritmo calmado y esa tranquilidad, características por otro lado inherentes al personaje de Ana, le aportan el equilibrio justo y necesario. Es una película marcada por la tristeza, los silencios demoledores y la soledad, pero también las mentiras que contamos a los demás, a nosotros mismos y las consecuencias de las mismas.
