La voz de Hind

El documental que dejó una sala entera enmudecida


Hay películas que a veces se hacen porque el momento histórico que se vive necesita que se muestre. Con esa idea llegaba La voz de Hind al Festival de Venecia. La cinta que está dirigida por la tunecina Kaouther Ben Hania y que el país de origen de su creadora ha decidido seleccionar para representar a su país en los próximos premios Oscar.

La premisa de la cinta es sencilla, entiéndase como sencilla por lo cinematográfico, no por su contenido. Cuenta el agónico intento de rescate el 29 de enero de 2024 por parte de la Media Luna Roja de una niña de 6 años que está atrapada en un coche bajo fuego abierto en Gaza, suplicando ser rescatada. 

Es sencilla porque no hay ningún artificio con las cámaras, no hay gran trabajo de montaje, cinematográficamente no hay nada complejo, no hay parafernalia. En una palabra: simplemente quiere contar el QUÉ, no le interesa tanto el CÓMO.

En la película se muestra de manera real la voz de la niña en esos audios de las conversaciones que los trabajadores de la Media Luna Roja tuvieron con ella durante 4 horas intentando enviar una ambulancia a buscarla. Es una película donde se ve todo el proceso que pasaron para para poder coordinar y pactar con el ejército israelí y así hacer unos itinerarios viables y que los servicios de rescate pudieran llegar a sacarla sana y salva, pero que como todos ya sabemos, finalmente no se dio ese permiso y la niña acabó muriendo dentro de ese coche con toda su familia acribillada a tiros por las más de trescientas balas que se encontraron en el coche.

Además de para entretener y evadir el cine también sirve para removernos en nuestras butacas y hacernos conscientes de lo que está sucediendo

Aunque hay que decir que a nivel cinematográfico hay algo que merece mención: la película consigue transmitir muy bien la tensión y la frustración que viven los trabajadores. Seguramente ayudó mucho que los actores no escucharan la voz de la niña hasta el momento de rodar. Eso hace que sus reacciones se sientan más auténticas, y que la rabia y la impotencia que muestran —al querer ayudar y no poder mientras un país está siendo masacrado por otro— resulten más reales.

Es un visionado difícil. Pocas veces he ido al cine —por no decir ninguna— y he visto cómo la sala quedaba completamente enmudecida al terminar los créditos y encenderse las luces. En nuestro visionado durante el Festival de San Sebastián pasó exactamente eso: nadie podía ni quería decir nada después de vivir esa hora y media cruel, tensa e impotente. No había nada que decir, las imágenes (y el sonido) tenían el poder suficiente para enmudecernos a todos y hacernos reflexionar sobre el momento que estamos viviendo en el planeta entero. Y creo firmemente que para esto también está el cine, además de para entretener y evadir también sirve para removernos en nuestras butacas y hacernos conscientes de lo que está sucediendo va más allá de nuestro ombligo.

Eso mismo pensaron artistas como Brad Pitt, Joaquin Phoenix, Rooney Mara, Alfonso Cuaron o Jonathan Glazer (algunos de ellos presentes en el visionado del Festival) que no dudaron en producir la película y conseguir así que llegara a festivales y ojalá llegue también a los Oscar.

Las imágenes (y el sonido) tenían el poder suficiente para enmudecernos a todos y hacernos reflexionar

Pero los que no tuvieron esa misma idea o sí que la tuvieron pero no fueron lo suficientemente valientes como para darle el León de Oro, fue el jurado del certamen que optó por premiar a la película de Jim Jarmusch: Father, Mother, Sister, Brother. Nada que objetar a la película del director varias veces premiado en festivales pero a veces la urgencia de la actualidad está por encima de una peli notable que no necesita ganar.

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