Un simple accidente

Jafar Panahi vuelve a desafiar al régimen iraní con una sátira silenciosa sobre la represión y la resistencia


La flamante ganadora de la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes, llegó a San Sebastián junto a su director Jafar Panahi donde pudimos verla con ganas, expectación y curiosidad a partes iguales. Tal como indica el título, todo comienza con un simple accidente. Una familia que viaja en coche sufre un percance, y a partir de ese momento, los acontecimientos se desencadenan uno tras otro. Después de ese suceso fortuito, se va a generar una especie de road movie, donde van surgiendo situaciones y apareciendo personajes con un objetivo común

Hasta aquí, puede parecer una simple película con pinceladas de thriller, comedia negra y drama social, pero lo que la hace diferente es que detrás de todos los sucesos que pueden parecer cómicos o semi cómicos, hay una crítica al sistema político iraní, a su totalitarismo, a las torturas que sufren los presos en las cárceles (incluido el propio director de la cinta) y a la represión que sufre su pueblo.

Fotograma de "Un simple accidente"
Fotograma de "Un simple accidente"

Parte de lo interesante de la película es que no se muestra un ápice de violencia en toda la cinta, todo lo que sufre el pueblo iraní no se ve; aunque no sé si es eso lo que da más miedo. 

Lo que la hace diferente es que detrás de todos los sucesos que pueden parecer cómicos o semi cómicos, hay una crítica al sistema político iraní

Toda la violencia es silenciosa, está dentro de las casas, detrás de los barrotes de las cárceles, dentro de los habitantes de un país que callan por miedo, hasta que hay algo del pasado que enciende ese dolor que parecía invisible u olvidado. Todos los personajes que aparecen en la cinta han padecido lo mismo. Nada más conocerlos, el espectador los reconoce como personas que viven su vida sin traumas ni miedos, pero las consecuencias del dolor y los traumas aparecen para recordar que aunque creamos que nos hemos recompuesto medianamente bien después de haber vivido bajo las normas de un sistema opresor, la violencia lo mancha todo y aparece el deseo de venganza. 

A partir de aquí es donde su director plasma las distintas ramificaciones que tiene la violencia a través de cómicas situaciones que se van sucediendo en la película y donde nos damos cuenta de que a las víctimas todo les sobrepasa y les convierte en piezas dentro de un engranaje mayor donde surgen la incertidumbre y las contradicciones dentro de cada uno de ellos.

Una de las cosas que es de admirar de este director (y que se muestra perfectamente en esa película) es que muestra el dolor a través del humor y eso nos conecta a todos como seres humanos. La otra, sin duda es que siga haciendo cine de manera clandestina, atreviéndose a denunciar los abusos de un gobierno que le encarceló y torturó por denunciar abusos dentro y fuera del cine.

Una de las cosas que es de admirar de este director es que muestra el dolor a través del humor y eso nos conecta a todos como seres humanos

Habrá quien piense que es un premio político restando importancia o peso a la obra, pero creo que esta etiqueta no debe ser algo negativo ya que en mi opinión, absolutamente todo lo que nos atraviesa en la vida es político. Sí, la película es política, pero el cine también tiene la función de denunciar y mostrar la realidad y hacerlo de una manera tan hábil, con humor y valiente como lo hace Jafar Panahi, merece un premio; un premio a la resistencia. 

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