Die my love

Jennifer Lawrence brilla con intensidad en una película que olvida emocionar


El pasado mes de septiembre llegó Jennifer Lawrence al Festival de San Sebastián para recoger, a sus 35 años, uno de los premios honoríficos que este año entregaba el Festival y para presentar su nueva e indescriptible película, Die My Love.

Y decimos indescriptible porque, de verdad, nos ha costado encontrar las palabras precisas para transmitir el evento casi canónico que vivimos durante el festival al verla por primera vez. La experiencia fue, por momentos, tan intensa como desconcertante, y estamos seguras de que lo será también para muchos espectadores.

Y eso que la premisa no es "nada del otro mundo": una mujer inicia su nueva vida de pareja en una casa idílica rodeada de naturaleza, que pronto llena con su primer hijo. Pero lo que parecía amor e idilio se tuerce cuando la muchas veces silenciada depresión posparto la sacude, obligándola a enfrentarse a su propia identidad mientras todo a su alrededor se desmorona.

Curioso que haya sido Martin Scorsese —como contó Lawrence en rueda de prensa— quien le recomendara el libro en el que se basa la película y quien la animara a producirla. Curioso, sobre todo, porque no es precisamente el tipo de lectura que imaginaríamos en la mesilla de noche de Scorsese como lectura recreativa.

El tema, desde luego, es necesario. Hablar de la depresión posparto en el cine es abrir una ventana a una experiencia que durante años se ha obligado a vivir por las mujeres en soledad, y que merece ser contada con la sensibilidad y la atención que tantas veces se le han negado. Pero no estamos tan seguras de que esta sea la mejor manera de acercarlo al gran público.

¿Cual es el pecado capital de Die my love? Para nosotras: tener argumento, pero carecer de Desarrollo. Y es que esta es el ejemplo perfecto de cómo una película puede avanzar sin evolucionar. Die my love se desvela como una una sucesión constante de escenas en las que podemos ver a Jennifer Lawrence en una suerte de clase de expresión corporal continua, explorando los límites del cuerpo y la angustia. Todo gira en torno a una actriz haciendo "cosas raras", siempre buscando llamar la atención: que su marido ausente la mire, que el espectador la vea, que alguien, por fin, la escuche. Ella se convierte en loba, en amante nocturna de su vecino, en perfecta ama de casa. Es todo y nada a la vez, al servicio de un una película que parece más interesada en el impacto que en la emoción.

Fotograma de "Die my love"
Fotograma de "Die my love"

Los silencios son muchos y casi eternos; no decimos que no sean necesarios para reflejar el mundo solitario de la protagonista, pero, desgraciadamente —y sin exagerar— podrían adormecer a más de uno. Por suerte, la directora y guionista Lynne Ramsay parece saberlo y, como si temiera perder a su público, intercala esos silencios con sobresaltos sonoros: golpes, gritos, ruidos inesperados, música ensordecedora... Recursos propios de una película de terror inundan la pantalla. Y, pensándolo bien, quizá esta lo sea, en cierto modo: una película sobre el terror de ser mujer, madre y sentirse completamente sola.

Esta es el ejemplo perfecto de cómo una película puede avanzar sin evolucionar

Pero no todo es malo en esta pelicula y es justo reconocerlo. Si algo destaca el trabajo de Lawrence, que se entrega con una intensidad física agotadora. Su interpretación es un ejercicio de vulnerabilidad total, sin miedo al ridículo ni al exceso, digna de un Óscar si la película no la lastrara tanto como para impulsarla a una categoría que este año va a estar al rojo vivo.

Más allá de la entrega total de Jennifer Lawrence — Die My Love resulta, en su rareza, una película sorprendente. No deja indiferente, para bien o para mal, y eso ya es mucho decir en estos tiempos de cine previsible. 

Y, además de abordar la depresión posparto, se atreve a hablar del deseo sexual femenino. A algunos les puede parecer excesiva o repetitiva en su tratamiento, pero la simple rareza con la que este tema aparece en el cine ya convierte a Die My Love en una oportunidad—aunque imperfecta— para ponerlo sobre la mesa.

Fotograma de "Die my love"
Fotograma de "Die my love"

Die My Love es una película que fascina y exaspera a partes iguales. Un experimento visual que más que conmover, aturde y a ratos irrita. Como su protagonista, grita pidiendo ser comprendida, pero rara vez logra hacerlo; nos deja frente a la frustración, la confusión y la intensidad de Lawrence, y al final lo único seguro es que es imposible de olvidar, aunque también imposible de disfrutar.

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