Nuremberg

Convencional pero eficaz: ‘Nuremberg’ y el reto de contar lo ya contado

Por Ainhoa Mela


Con aroma de epopeya y el pulso narrativo de los grandes dramas históricos, Nuremberg llegó al Festival Internacional de Cine de San Sebastián como uno de esos largometrajes imponentes — largo en duración y ambicioso en aspiraciones — que sorprende precisamente porque, bajo su apariencia convencional, encierra una película notable y quizá de lo más interesante visto en la presente edición del festival.

Lo sabemos, al leer el titulo lo primero que se te ha venido a la cabeza (confesamos que como también a nosotras) ha sido: ¿una película ambientada en la segunda guerra mundial…otra vez?  Y es que justo con la Biblia y la época romana, los hechos en torno a la Segunda Guerra Mundial son indiscutiblemente una de las principales fuente de inspiración a la que más han acudido los cineastas desde la década de los cincuenta para ambientar sus obras. Ese contexto histórico ha sido fuente inagotable de cine desde los años cincuenta — desde relatos bélicos hasta biopics y ficciones diversas—, lo que lleva a muchos espectadores a pensar que, a estas alturas, ya hemos visto y oído todo sobre esa época. Sin embargo, Nuremberg consigue precisamente lo que parecería inesperado: que salgamos del cine satisfechos de haber invertido casi tres horas de nuestro tiempo en su relato.

Bajo su apariencia convencional, "Nuremberg" encierra una película notable y quizá de lo más interesante visto en la presente edición del festival.

La clave de ese atractivo reside menos en sus hallazgos formales —porque realmente no viene a ofrecer nada radicalmente novedoso— y más en el enfoque íntimo con el que aborda un momento histórico mayúsculo. Basada en The Nazi and the Psychiatrist de Jack El‑Hai, la película se centra en la figura del psiquiatra del ejército estadounidense Douglas Kelley (interpretado por Rami Malek), encargado de evaluar el estado mental de Hermann Göring (interpretado por Russell Crowe) y otros jerarcas nazis en vísperas de los juicios de Núremberg.

Fotograma de "Nuremberg"
Fotograma de "Nuremberg"

Es precisamente ese punto de vista psicológico —más que el puramente político o militar— lo que da a la película su fuerza. En lugar de presentar la historia desde la grandilocuencia de la épica bélica o la solemnidad legal del tribunal, Vanderbilt se interesa por la naturaleza humana: ¿qué distingue a un criminal de guerra de cualquier otro ser humano? ¿Hay un "lado oscuro" intrínseco, o el mal es simplemente un efecto de circunstancias extremas? Esta investigación interior convierte al filme en algo más que una reconstrucción histórica: es un duelo de inteligencia y voluntad entre dos hombres que representan, de formas distintas, los límites de la moralidad.

Esa ambición psicológica no siempre se traduce en una complejidad emocional y tampoco explota en profundidad su potencial temático, pero su solidez narrativa y su claridad de planteamiento permiten al espectador sumergirse con facilidad en el argumento sin perderse en digresiones innecesarias.

Es precisamente ese punto de vista psicológico —más que el puramente político o militar— lo que da a la película su fuerza

Técnicamente, Nuremberg lo tiene todo para considerarse una superproducción cuidadosa: un guion sólido que se mueve con soltura entre los hechos y dramatización, una puesta en escena sobria pero efectiva, y un montaje que mide bien los tiempos, dotando a la película de un caliz clásico —más cercano a los dramas históricos de los noventa que al cine de autor experimental—. La banda sonora acompaña y respalda sin estridencias, contribuyendo a realzar sin forzar la gravedad de los momentos claves.

Pero si hay un elemento destacable que se alza por encima de todo, ese es la actuación de Russell Crowe como Hermann Göring. Completamente alejado de su imagen de "Gladiator" y de la vulnerabilidad en su actuación de "Una mente maravillosa", el actor se transforma para regalarnos una actuación compleja y arriesgada. 

Y es que lejos de caer en una caricatura fácil de típico malvado comandante nazi, Russell Crowe se acerca a su papel sin juzgarle y dotándole de todos los prismas necesarios. Su Göring impone y da coraje pero también lástima, consiguiendo por momentos hacer tan vulnerable a su personaje ante la existencia que le plantea que incluso por un momento el espectador se plante si debería tenerle lástima. Una completa transformación no sólo física sino un gran trabajo actoral que le ha supuesto incluso transformar su acento con precisión. Una grandísima actuación que no entendemos como no esta entre las favoriti para entrar en cualquier nominación actoral este año.

Fotograma de "Nuremberg"
Fotograma de "Nuremberg"

Nuremberg puede no ser la obra maestra que algunos esperaban sobre uno de los momentos más trascendentales de la historia moderna, ni una reinvención del género histórico, pero es una película sólida, emocionalmente reflexiva y narrativamente accesible. A través de su mirada íntima, consigue humanizar el relato de unos juicios monumentales y recordarnos que la historia no solo se hace en los tribunales, sino también en las mentes y las decisiones de quienes la vivieron.

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