El agente secreto

Espionaje, dictadura y una actriz debutante de 72 años que roba la película: Brasil vuelve a apuntar alto.

Por Ainhoa Mela


Por segundo año consecutivo, Brasil nos trae una película con aroma de grandeza que nada tiene que envidiarle a las grandes producciones estadounidenses. Tras el impacto internacional de Yo sigo aquí, cuyo contexto político era casi un protagonista más, El agente secreto convierte la dictadura brasileña de los años 70 en el telón de fondo de un thriller que no quiere emocionar tanto como su predecesora, pero sí entretener y dejar huella.

Esta cinta del aclamado director Kléber Mendonça Filho reúne una mezcla desprejuiciada de géneros: espionaje, drama social, momentos más ligeros e incluso toques de humor dentro de una tensión narrativa que se mantiene en buena parte del metraje. Ese equilibrio —que a ratos se siente casi precario— es también uno de los aspectos más llamativos de la película: no todo encaja perfectamente, pero casi siempre merece la pena verlo.

Fotograma de "El agente secreto"
Fotograma de "El agente secreto"

El protagonista —interpretado por Wagner Moura— lleva sobre sus hombros el peso de un relato largo y exigente. Su actuación es contenida e intensa, y a pesar de que la película se resiente por momentos de su propio ritmo —especialmente cuando el montaje intenta dinamizar saltos temporales y secuencias más surrealistas—, Moura logra sostener la atención del espectador casi siempre.

El agente secreto tiene momentos que se estiran demasiado y tramas que, aun tratadas con ambición, pueden sentirse caóticas y farragosas

Pero la sorpresa más grande de El agente secreto no viene de las estrellas habituales, sino de una presencia inesperada que termina robando muchas de las mejores escenas: Tânia Maria, que interpreta a Dona Sebastiana. Su historia es de esas que parecen sacadas de una película dentro de la película. Nacida en el interior de Río Grande do Norte, Tânia pasó gran parte de su vida trabajando como artesana y costurera, sin haber visto jamás un filme entero ni pisado una sala de cine. Solo a los 72 años comenzó a actuar, cuando fue descubierta como figurante en Bacurau (2019) y más tarde fue invitada de nuevo por Mendonça Filho para este proyecto.

Fotograma de "El agente secreto"
Fotograma de "El agente secreto"

Su interpretación de Dona Sebastiana —una mujer sencilla y acogedora que dirige un edificio donde refugiados políticos se esconden de la represión— deslumbra por su naturalidad. Lo suyo es más que un cameo: es un descubrimiento humano y cinematográfico que suaviza, enriquece y da corazón a una película que, por momentos, puede sentirse densa. Dona Sebastiana encarna esa mezcla de humor discreto, sabiduría popular y humanidad que hace que, incluso en las escenas más tensas, uno termine sonriendo o reflexionando. No es exagerado decir que es el alma moral del film.

Esta no es solo una película sobre persecución política o memoria histórica, sino sobre la resistencia del espíritu humano frente a la opresión

Sí, El agente secreto tiene momentos que se estiran demasiado y tramas que, aun tratadas con ambición, pueden sentirse caóticas y farragosas si no entras desde el principio en su mundo. La transición entre tirantez política, tensión dramática y guiños narrativos al estilo de thriller clásico no siempre es fluida, y para algunos espectadores las casi tres horas pueden sentirse largas. Pero es precisamente esa mezcla cruda, imprevisible y algo audaz la que hace que la película no se parezca a nada estrictamente convencional.

Al final, esta no es solo una película sobre persecución política o memoria histórica, sino sobre la resistencia del espíritu humano frente a la opresión, la solidaridad y la importancia de encontrar una voz propia —aunque llegue tarde, como en el caso de Tânia Maria—. En tiempos donde el debate sobre el idadismo y la representación en el cine está más vivo que nunca, su presencia en el film es un poderoso recordatorio de que nunca es tarde para sorprender, reivindicar y conmover.

El agente secreto no es un thriller perfecto, pero es una obra que merece verse por su ambición, su corazón y, sobre todo, por algunas actuaciones memorables que iluminan incluso los rincones más oscuros de la historia brasileña.

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