El viejo roble

Ken Loach vuelve con una última película convertida en un canto a la esperanza

A sus 87 años, Ken Loach vuelve con la que dice será su última película, El viejo roble. Tras competir en Cannes y pasar por Seminci llevándose los premios de mejor actor principal y el premio del público a la mejor película, podemos decir que esta cinta es la más luminosa y esperanzadora del director británico.

Quizás Ken Loach sea el mejor director que refleje la realidad de la clase obrera y la clase media dignificándoles de una manera muy cercana y que pocas veces tienen en la realidad. Es en esta cinta donde, además de las temáticas que lleva por bandera, introduce un elemento muy de actualidad hoy en día: la inmigración y los refugiados que huyen de la guerra. Y es que si por algo hace cine Ken Loach es por considerarlo un arma muy poderosa que puede combatir el odio y no ser elitista.

Frente al racismo, Loach junto con su guionista de confianza Paul Laverty, colocan la esperanza.

Estamos en 2016 en un pueblo minero del noroeste de Inglaterra casi vacío, destartalado y decadente donde ya no hay trabajo para casi nadie y donde las Administraciones Publicas parecen haber abandonado a todo el mundo a su suerte. Sin nada más que hacer, estos habitantes desesperados pasan el día en el último pub que queda abierto: "The old oak". Este punto de encuentro está regentado por Tommy un buen hombre con una vida difícil pero que ha aprendido a vivir con su situación actual. Cuando llega al pueblo un autobús lleno de refugiados sirios para instalarse en las casas vacías del condado, sale el odio y el racismo que muchas veces (si no siempre) genera cierta prensa y la clase política más radical siendo el caldo de cultivo para que brote esa ferocidad contra lo que muchos consideran invasión de inmigrantes, creando también unos prejuicios que calan mucho en la población y muy difíciles de erradicar.

Junto Tommy estará Yara erigida en una especie de portavoz o líder de este grupo de musulmanes que solo intenta vivir y sobrevivir de una manera pacífica a la espera de volver a su país en cuanto acabe la guerra. Los dos intentarán construir un comedor para la gente en ese pub tan simbólico para el pueblo y que tan suyo consideran los nativos de la zona. Un lugar donde no solo se dará de comer a los inmigrantes sino también a niños y gente mayor que al igual que ellos, se encuentran en situación de precariedad.

Si de verdad es su última obra, todos los amantes del cine social echaremos de menos a este tipo normal que hace cine revolucionario, político y obrero.

No les será fácil porque hay mucho desconocimiento y desinformación de la situación que hay detrás la gente que emigra lo que genera inquietud y miedo en la clase trabajadora del barrio y que como consecuencia se traduce en racismo. Pero frente a ese racismo, Loach junto con su guionista de confianza Paul Laverty, colocan la esperanza. Y es que cuando Tommy y Yara deciden organizar este pequeño comedor y hablan de lo que les mueve a cada uno a hacer lo que hacen, los dos coinciden en algo: la esperanza. La esperanza para intentar cambiar lo que les pasa en la vida, la necesitan para poder imaginar que es posible un mundo mejor, un mundo en el que la solidaridad, el respeto y la empatía ayuden a hacer más llevadera la vida en una sociedad donde reina la desigualdad. El comedor no solo buscará dar de comer, si no también deseará que todos los habitantes se miren los unos a los otros y se den cuenta de que no somos tan diferentes, en pocas palabras: el objetivo es crear una comunidad como plataforma de salvación frente a un sistema que nos hace daño.

La manera en la que están retratados los personajes es otra característica a destacar en esta cinta. Cualquier persona se puede ver reflejado en ellos porque están creados desde la verdad y la realidad. El director deja que el peso caiga en los diálogos, el guión es el centro y la cámara sólo graba, su único objetivo es retratar cómo habla la clase obrera, dejarles ser tal y como son.

Si de verdad es su última obra, todos los amantes del cine social echaremos de menos a este tipo normal que hace cine revolucionario, político y obrero. Una especie de héroe de la clase trabajadora que sabe cómo nadie tratarla y retratarla y que al igual que los personajes de la cinta, llevan como estandarte en la vida la resiliencia, la solidaridad y la resistencia. 

Estreno en cines de España: el 17 de noviembre (2023)

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