
Michael
Mucho brillo y poco riesgo. Pero qué bien baila Jafar Jackson
Que Michael se haya convertido en el segundo biopic más taquillero de la historia solo confirma algo que ya sabíamos: Michael Jackson sigue siendo un fenómeno cultural incluso veinte años después de su muerte. Da igual el tiempo, los escándalos o las polémicas; el Rey del Pop continúa despertando una mezcla de fascinación y morbo que arrastra al público al cine casi por inercia. Y quizá esa sea la única explicación lógica para entender cómo una película tan convencional y tan poco arriesgada está llenando salas.
Un biopic blanco, blanquísimo
La película es el típico biopic made in Hollywood: correcto y absolutamente domesticado. La familia Jackson ha supervisado el proyecto y eso se nota en cada decisión narrativa. Aquí no hay sombras, no hay contradicciones, no hay nada que pueda incomodar. Michael se apoya en la historia del niño prodigio explotado por su padre, un relato que funciona porque es universal y conecta con el público fácilmente y sin necesidad de artificios, pero por desgracia es una historia que también hemos visto mil veces.
Mientras tanto, temas tan relevantes como el racismo feroz de la industria musical en los 80 con esa MTV que tuvo que verse amenazada para que aceptara poner el videoclip de un artista negro apenas se mencionan...¡como si fueran un detalle menor!
Pero si algo consigue Michael es que que el espectador entienda algunas de las excentricidades del artista, que por otra parte no eran tan difíciles de descifrar: crecer sin infancia te convierte en un eterno Peter Pan, y muchas de sus rarezas encajan mejor cuando se mira desde ahí.
Donde sí brilla: el escenario

Lo que realmente sostiene la película es la interpretación del sobrino de Jackson, que consigue una recreación sorprendente. Tiene los gestos, la voz, la energía… y cuando baila, por momentos parece que Michael vuelve a estar ahí. El final, claramente inspirado en Bohemian Rhapsody (misma productora, mismo truco), vuelve a recrear par deleite del público un concierto del artista del biopic. Pero Jafar Jackson lo hace con tal precisión que es imposible no dejarse llevar. Es el momento en el que la película por fin respira, aunque llegue tarde.
Un final que corta justo antes de lo interesante
La historia se corta justo cuando por fin parecía que íbamos a salir del bucle de la relación con el padre. Pero nada: fundido a negro y un "continuará" que deja al espectador con ganas de más música y más Jafar Jackson. Y se entiende por qué. Este chicle lo van a estirar todo lo que puedan, aunque tememos que difícilmente se acercarán a los temas que realmente marcaron esa etapa. No olvidemos que la primera denuncia contra Michael Jackson terminó en un acuerdo extrajudicial con cláusulas de confidencialidad muy estrictas, lo que explica por qué ciertos asuntos siguen siendo terreno prohibido. Si ya han dejado fuera lo más incómodo ahora, imagina lo que harán en la segunda parte que ya tienen en marcha.
¿Para quién es?
Te gustará si:
- Eres muy fan del artista y quieres escuchar sus temazos a todo volumen.
- No conoces casi nada de su vida y buscas una primera aproximación ligera.
No te gustará si:
- Esperas un biopic con personalidad, riesgo o profundidad.
- Te cansan las películas que parecen aprobadas por un departamento de relaciones públicas.
